Respirar aire limpio es esencial para el bienestar y la salud de todos: algunos consejos prácticos para hacerlo

Por VORTICE
Respirar aire limpio es esencial para el bienestar y la salud de todos: algunos consejos prácticos para hacerlo

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El intercambio de aire dentro de una casa es esencial para la preservación de sus acabados, así como para la salud de quienes viven en ella, es un concepto muy conocido y cada vez más discutido en los medios de comunicación y redes sociales, pero que aún no ha encontrado en algunos países (Costa Rica) una verdadera importancia o regulación estandardizada.

El problema ha tomado relevancia en los últimos tiempos, dada la creciente difusión, en edificios, nuevos o reformados, de sistemas de aislamiento termoacustico eficaces. Por ende ya las casas o apartamentos son cada día más selladas y la recirculación constante del aire que garantizaban las casas más antiguas, hoy en día, en muchas ocasiones, depende de los hábitos correctos de sus habitantes. Los comportamientos incorrectos se pueden traducir fácilmente a lo que conocemos como el Síndrome de Edificio Enfermo (Sick Building Syndrome, SBS)

Los niveles inadecuados de la Calidad de Aire Interna (Indoor Air Quality, IAQ) son un grave problema de salud pública, dejando como resultado, graves repercusiones económicas y sociales. Hay muchas tesis en este sentido, una de ellas: los resultados, publicados en el European Respiratory Journal, un periódico dedicado a la investigación en el campo de la neumología, de un estudio reciente de 50 residencias de adultos mayores en Bélgica, Dinamarca, Francia, Italia, Grecia, Suecia y Polonia, mostraron que había una correlación directa entre las tasas de contaminación en interiores en las instalaciones residenciales y la incidencia de problemas respiratorios (principalmente tos, dificultad para respirar, enfermedad pulmonar obstructiva crónica) entre los 600 huéspedes residentes.

Evitar tales riesgos requiere un cambio constante del aire en los ambientes en los que vivimos, esto con el fin de diluir la concentración de contaminantes, garantizar niveles de oxígeno adaptados al metabolismo humano, evitar molestias (principalmente pérdida de concentración, somnolencia y dolores de cabeza) inducidos por altas tasas de dióxido de carbono, y menor humedad relativa para prevenir la formación de moho.

Entre los principales contaminantes en el aire de ambientes confinados se incluyen compuestos orgánicos volátiles (VOCs), liberados por pinturas, selladores y paneles de revestimiento, hidrocarburos policíclicos aromáticos (PAH), asociadas a la combustión de materiales orgánicos, fibras inorgánicas, como la fibra de vidrio y la lana de roca, comúnmente utilizadas en materiales de construcción, RADON, un gas radiactivo que a menudo se encuentra bajo tierra y que se puede encontrar en materiales de construcción como cemento, ladrillos y granitos, microparticolato (PM), resultante de la quema de carbón y madera, humo de tabaco, procesos de cocción, así como la operación de equipos como copiadoras y, por último, pero no menos importante, microorganismos como bacterias, hongos, parásitos y virus.

La humedad, si no se clasifica adecuadamente como contaminante, a su vez juega un papel esencial para nuestro confort y salud: la tasa de humedad ideal en un ambiente cerrado está entre un 40% y 60%; valores más altos facilitan la proliferación de microorganismos (ácaros, bacterias y moho) debido a alergias y asma, la aparición de olores desagradables y la formación de manchas en las paredes. Por otro lado, el aire demasiado seco reduce la humectación natural de los ojos, las vías respiratorias y la piel, induce el agotamiento, causa dolores de cabeza, promueve la concentración de polvo y también hace que se aumenten las cargas electrostáticas.

Curiosamente, nuestros comportamientos se traducen automáticamente en diferentes cantidades de humedad alimentada en el medio ambiente: normalmente una persona en reposo produce 0,04 l/h de humedad, una persona ocupada en actividades normales produce alrededor de 0,09 l/h, una lavadora en promedio 0,3 l por ciclo, cocinar 0,6 l/h, y ducharse 1,7 l.

Pero ¿cómo y con qué frecuencia es apropiado cambiar el aire en las instalaciones en las que vivimos?

La normativa vigente en los distintos países vincula el cambio de aire a la función a la que se utiliza la sala y al número de personas que la ocupan distinguiendo, por ejemplo, entre un aula escolar, una oficina, un teatro etc… En términos generales, los estudios y la investigación realizada sobre este tema sugieren que renovemos todo el aire de nuestras habitaciones cada dos horas.

Ing. Aldo Fumi
Marketing Director, VORTICE Italia

 

Traduzione italiana:

Respirare aria pulita è essenziale per il benessere e la salute di ognuno di noi: alcuni consigli pratici per riuscirci

 

Che il ricambio di aria all’interno di una casa sia essenziale, per la salvaguardia delle sue finiture come pure per la salute di chi la abita, è un concetto noto e sempre più spesso dibattuto sui giornali, alla televisione e sui social, ma che non ha ancora trovato nel nostro paese un’effettiva rispondenza a livello legislativo.

La questione è tornata di attualità negli ultimi tempi, stante la crescente diffusione, negli edifici, nuovi o ristrutturati, di elevata (A o superiore) classe energetica, di efficaci sistemi di coibentazione termo-acustica. Se infatti gli spifferi permessi dagli infissi di vecchia generazione sono ormai solo un ricordo, è anche vero che il costante ricircolo d’aria che essi garantivano dipende oggi spesso solo dalle corrette abitudini di chi abita la casa. Comportamenti errati si possono facilmente tradurre in quella che va sotto il nome di Sindrome dell’Edificio Malato (SBS – Sick Building Syndrome).

Inadeguati livelli di IAQ rappresentano un serio problema per la salute pubblica, con gravi ripercussioni economiche e sociali. Gli esempi a riguardo sono molteplici, uno su tutti: i risultati, pubblicati sullo European Respiratory Journal, di un recente studio condotto in 50 case di riposo in Belgio, Danimarca, Francia, Italia, Grecia, Svezia e Polonia, hanno evidenziato il sussistere di una correlazione diretta tra i tassi di inquinamento indoor nelle strutture residenziali e l’incidenza di problemi respiratori (in primis tosse, mancanza di respiro, broncopneumopatie croniche ostruttive) tra i 600 ospiti ivi residenti.

Scongiurare tali rischi presuppone il costante ricambio dell’aria negli ambienti in cui viviamo, così da diluire la concentrazione di inquinanti, garantire livelli di ossigeno adeguati al metabolismo umano, evitare i fastidi (in primis perdita di concentrazione, sonnolenza e mal di testa) indotti da elevati tassi di anidride carbonica, e abbassare l’umidità relativa per prevenire la formazione di muffe.

 

Tra i principali inquinanti presenti nell’aria degli ambienti confinati si annoverano i composti volatili organici (VOC – Volatile Organic Compound), rilasciati da pitture, sigillanti e pannelli di rivestimento, gli idrocarburi policiclici aromatici (PAH – Polycyclic Aromatic Hydrocarbons), associati alla combustione di materiali organici, le fibre inorganiche, come la fibra di vetro e la lana di roccia, comunemente usate nei materiali da costruzione, il RADON, un gas radioattivo spesso presente nel sottosuolo e che si può trovare in materiali da costruzione quali il cemento, i mattoni e i graniti, il microparticolato (PM), derivante dalla combustione di carbon fossile e legna, dal fumo del tabacco, dai processi di cottura, come pure dal funzionamento di apparecchiature quali le fotocopiatrici e, ultimi ma non meno importanti, microrganismi come batteri, funghi, parassiti e virus.

L’umidità, se non propriamente classificabile quale agente inquinante, svolge a sua volta un ruolo essenziale per il ns. comfort e la ns. salute: il tasso di umidità ideale in un ambiente chiuso dovrebbe essere compreso tra il 40 e il 60%; valori superiori facilitano il prolife­rare di microrganismi (acari, batteri e muffe) causa di allergie e asma, l’insorgere di odori sgradevoli e la formazione di macchie sulle pareti. Per contro, un’aria troppo secca riduce la naturale irrorazione degli occhi, delle vie respiratorie e della pelle, induce spossatezza e mal di testa, favorisce la concentrazione di polveri e determina l’accumulo di cariche elettrostatiche.

È interessante notare come i ns. comportamenti si traducano automaticamente in diversi quantitativi di umidità immessa in ambiente: di norma una persona a riposo produce 0,04 l/h di umidità, una affaccendata nelle normali attività quotidiane ne produce intorno a 0,09 l/h, una lavatrice in media 0,3 l per ciclo, cucinare 0,6 l/h, fare una doccia 1,7 l.

Ma come e con quale frequenza è opportuno cambiare l’aria nei locali in cui viviamo? Le normative in vigore nei vari paesi legano il ricambio dell’aria alla funzione cui la stanza è adibita ed al numero di persone che la occu­pano distinguendo, per esempio, tra un’aula scolastica, un ufficio, un teatro etcc… Più in generale, gli studi e le ricerche condotte a riguardo suggeriscono di cambiare tutta l’aria della stanza ogni due ore.

Ver: Tablas de cálculo para una correcta ventilación de un local con
actividad

Ing. Aldo Fumi
Marketing Director, VORTICE Italia


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